Tontología

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Tontología

Una palabra que no existe, funcionando como si existiera. Ahí está el texto entero. El resto es desarrollo.

"La IA no es el futuro, es el presente." "La IA es mindset." "La IA es estrategia." Frases que no agregan información. Frases que sólo afirman que quien las dice está despierto. Un mantra para sonar despierto sin haber hecho el trabajo de averiguar qué significa adoptar esto.

Ya lo escribí en otro lado. Lo repito acá, que para eso es el título.

El que no sabe igual opera.

¿Será que las personas no queremos IA? ¿Que queremos figurar en la conversación sobre IA? [Para qué lo pregunto tan inocentemente si a eso nos referimos una y otra vez con el FOMO] Son cosas distintas y se confunden a propósito. Las expectativas son altísimas, generación de productos ASAP, bajos costos, altos retornos [Parece ser una ley universal, tantas fábulas hablando de lo mala que es la avaricia, que lo barato sale caro]. Queremos IA en todo: en el proceso, en el reporte, en la reunión. No porque se necesite. Porque no estar es quedar fuera, y quedar fuera produce una ansiedad que ningún caso de negocio calma. Es bueno repetir esta frase, para pensarla: quedar fuera produce una ansiedad que ningún caso de negocio calma.

Y acá una broma, que como toda buena broma es media en serio. En Chile tenemos una carrera que casi no existe en otros lados: ingeniería comercial. El chiste clásico es que el ingeniero comercial no sabe de nada, pero se le forma la actitud para pararse como si supiera de todo. El ingeniero comercial opera. No necesariamente sabe el detalle, no sabe la mecánica, pero entiende estructuralmente cómo funcionan las cosas y cómo moverlas. Llega y opera de todo, sin saber casi nada. Diría que con un MBA me da una sensación similar, pero mejor no me meto ahí (?)

Toda la vida eso se vio como un defecto. La forma sin el fondo. Tontología con título universitario.

Pero miren dónde estamos. En una era donde comprender parece dejar de ser requisito para operar, resulta que el ingeniero comercial no estaba atrasado: estaba adelantado, a mi ver, en mi broma. Entrenó toda su carrera para moverse con soltura sobre capas que no entiende. El que siempre supo prescindir del saber ahora calza cómodo.

Lo digo de mí, que soy ingeniero comercial, así que no es desde la tribuna. Hoy es como si todos fuéramos ingenieros comerciales. Operando de todo, sin saber casi nada, y funcionando igual.

La carreta delante de los bueyes

El síntoma más claro está a la vista. Se arman áreas y centros de excelencia para "incorporar IA a los procesos", y en la práctica eso muchas veces significa meterle IA como un injerto mal hecho a los sistemas actuales. En vez de esperar que la electricidad termine de masificarse. Sólo para performar.

Y es raro, por una razón simple: es muchísimo más probable que el dueño de la herramienta le agregue IA nativa a su propio producto, antes de que tú logres injertársela desde afuera. Lo que construyes a la fuerza corre el riesgo de quedar como un apéndice. Una deformación de la solución. Un tumor que el organismo va a reabsorber solo en cuanto el proveedor saque su versión de fábrica.

Se antepone la herramienta a la solución. Se quiere IA, no se quiere resolver. Y no parece un caso aislado: apostaría que ahora mismo cientos de áreas en cientos de empresas están haciendo algo así, con entusiasmo, con presupuesto, con la mejor intención.

La performance del gasto

Veníamos diciendo que el problema era el que no sabe. Pero la palabra inventada funcionó. Comunicó igual, pasó igual. Y si una palabra falsa puede operar igual que una verdadera, entonces el problema en las organizaciones quizás nunca fue la ignorancia. El uso habitual e intensivo de los LLM puede estar evidenciando que la comprensión del colaborador no es del todo necesaria para que las cosas funcionen.

Lo raro es doble. Primero, que organizacionalmente es un secreto a voces. Segundo, que importa mucho la performance del uso —e incluso qué producto se usa. Claude da mejor status que Gemini. Da más satisfacción personal y profesional. Ya no se performa solo inteligencia. Se performa uso. Se performa gasto. Y se performa marca.

En Amazon los empleados inflaban su consumo de IA con tareas inútiles para subir en un ranking interno. Le pusieron nombre de deporte: tokenmaxxing. Amazon terminó matando el leaderboard porque les disparaba los costos de nube; un vicepresidente tuvo que pedir, textual, "por favor no usen IA solo por usarla". El gasto como señal de pertenencia, no como consecuencia de valor.

El CEO de Nvidia —que vende las palas de esta fiebre del oro, conviene recordarlo— dijo que estaría profundamente alarmado si un ingeniero de medio millón de dólares al año no consumiera al menos la mitad de su sueldo en tokens. Léelo dos veces. Es tontología monetaria perfecta: el gasto demuestra la virtud, sin pasar por el resultado.

Y del otro lado del mostrador, el COO de Uber soltó la frase más honesta del trimestre. Con el 95% de sus ingenieros usando IA y el 70% del código ya generado por IA, admitió que no logra trazar la línea entre todo ese uso y un producto mejor para el usuario. "Ese vínculo todavía no está ahí." Quemaron el presupuesto anual completo de Claude Code y Cursor en cuatro meses —esto da para otro análisis—. Microsoft, en paralelo, canceló la mayoría de sus licencias directas de Claude Code. Duolingo revirtió su entusiasmo. No parecen anécdotas: parece un patrón, y es de este mes.

Y para que no parezca sesgo de crítico amargo: Goldman Sachs, en un informe a sus clientes de mayo de 2026, muestra —con sus propios gráficos— que el impacto de la IA en el PIB fue exagerado, que el ahorro de tiempo que reportan los trabajadores no se parece al que cree la alta gerencia.

El gasto corre el riesgo de dejar de ser causa necesaria para la generación de valor. Pasa a ser señal social.

Lo que viene

En 1910 manejar exigía saber mecánica. Hoy no, y nadie llama ignorante al que conduce. La mecánica se hundió bajo el capó y dejó de ser tema. La IA parece ir para allá, más rápido. Muchos estamos convencidos de que más temprano que tarde va a estar tan integrada que no se va a notar. Ubicua e invisible. Como la electricidad.

Cuando eso pase, el vacío técnico deja de ser un defecto y se vuelve el estado normal. La tontología deja de ser el error del que no sabe y pasa a ser, simplemente, infraestructura.

Y cuando eso pase, espero que pase este ruido también. Los centros de excelencia para inyectarla a la fuerza. Las expectativas fantásticas. Los leaderboards de tokens. Las frases de seminario. Toda la pose.

No es que el tema sea la pose, por cierto. El fenómeno es más interesante que eso. Los seres humanos, en vez de usar nuestra energía en sacarle provecho a esta tecnología, parecemos estar usando una parte mayor en el espectáculo de sacarle provecho. Guy Debord sabía demasiado.

Eso es lo que queda por mirar. No quién sabe y quién no —esa pregunta se está apagando sola—. Sino por qué, teniendo la herramienta más poderosa a mano, dedicamos tanto a actuar que la usamos. Otro giro acá. Por eso el afán con la ofimática, porque no se pasa tanto de eso. ¿Tanto show para eso?

La tontología es la puerta por la que está entrando esta nueva electricidad. No la única, ni necesaria. Y lo más gracioso, o lo más incómodo: no hace falta entenderla para que termine de instalarse. El ruido no atrasa la corriente. Si acaso, la enciende.